The Kravtor es mi personalidad multidisciplinaria. Es la identidad que reúne las diferentes áreas que han formado mi vida y mi manera de pensar: las artes marciales, el Krav Maga, el entrenamiento táctico, la defensa personal, la teología, los idiomas, el diseño gráfico, la tecnología, la educación, el emprendimiento y la creación de contenido.
No me considero una persona que pueda definirse por una sola profesión o disciplina. Soy instructor, pero también soy estudiante. Soy emprendedor, diseñador, creador, investigador y alguien apasionado por aprender.
The Kravtor es el punto donde todas esas partes de mi personalidad se encuentran.
Porque necesitaba un espacio que pudiera contener todas esas facetas. Durante mucho tiempo las personas intentan encasillarnos: “eres instructor”, “eres diseñador”, “eres emprendedor”, “eres esto o aquello”. Pero nunca me he sentido cómodo dentro de una sola categoría.
Puedo pasar de analizar una técnica de combate a estudiar un tema de teología, diseñar una identidad visual, trabajar en un proyecto empresarial, estudiar un idioma o investigar una nueva tecnología. Puede parecer que son mundos completamente diferentes.
Para mí no lo son.
Todos forman parte de la misma curiosidad por **entender cómo funcionan las cosas y encontrar maneras de mejorarlas.**
Las artes marciales son una de las columnas principales de mi identidad.
Mi trayectoria me ha llevado por diferentes disciplinas y experiencias de entrenamiento, y cada una ha dejado una enseñanza.
El judo me enseñó sobre equilibrio, control, proyección y contacto físico. El Krav Maga amplió mi perspectiva hacia la defensa personal y los escenarios de violencia. El entrenamiento táctico me llevó a pensar más allá del combate y considerar el contexto, la prevención y la toma de decisiones.
Pero las artes marciales también me enseñaron algo más importante: que siempre existe algo que todavía no sabes.
Porque el ser humano no es solamente cuerpo. Para mí, estudiar teología es estudiar algunas de las preguntas más profundas sobre Dios, el ser humano, la moral, el propósito, el bien, el mal y nuestra responsabilidad. Eso también influye en mi manera de entender la defensa personal. Entrenar para protegerse no significa buscar violencia.
Al contrario: tener capacidad debería aumentar nuestra responsabilidad sobre cuándo utilizarla. La fuerza sin criterio puede convertirse en un problema.
La preparación debería estar acompañada de principios, carácter y responsabilidad.
Los idiomas me han permitido entender que el conocimiento no está limitado a una sola cultura. Hablar otro idioma no significa simplemente aprender nuevas palabras. Significa acceder a otra manera de expresar ideas y, muchas veces, a otra manera de entender el mundo.
Mi interés por los idiomas —incluyendo el inglés, portugués y japonés— también está relacionado con mi curiosidad por otras culturas y disciplinas. Además, dentro de las artes marciales existe una enorme cantidad de conocimiento producido fuera de nuestro idioma.
Ser políglota es otra herramienta para ampliar el campo de investigación.
El diseño es otra parte importante de mi identidad. Me interesa no solamente aprender algo, sino también encontrar la manera de comunicarlo. Una buena idea que nadie entiende tiene poco valor. El diseño me ha enseñado a organizar información, simplificar conceptos y convertir ideas abstractas en algo visual y comprensible.
Por eso para mí el diseño no es simplemente hacer imágenes bonitas. Es comunicación visual. Y esa misma filosofía la aplico al contenido educativo que desarrollo.
La tecnología es una herramienta que me permite multiplicar mis capacidades. La utilizo para investigar, diseñar, crear contenido, desarrollar proyectos, automatizar procesos y explorar nuevas formas de educación. La inteligencia artificial, particularmente, representa una revolución enorme. Pero no creo que debamos convertirnos en consumidores pasivos de ella.
Una IA puede ayudarnos a crear algo extraordinario, pero también puede ayudarnos a producir una estupidez extraordinariamente bien presentada. Por eso considero que el criterio humano sigue siendo indispensable.
La tecnología amplifica nuestras capacidades; no sustituye nuestra responsabilidad de pensar.
El emprendimiento me ha enseñado a convertir ideas en realidad. Una cosa es tener una idea y otra muy diferente es construirla, venderla, administrarla, equivocarse, corregirla y volver a intentarlo. Mis proyectos empresariales también me han obligado a desarrollar habilidades que aparentemente no tienen relación con las artes marciales: marketing, diseño, administración, tecnología, comunicación y estrategia.
Pero al final encuentro un principio común: resolver problemas.
Ya sea entrenando a una persona, diseñando una marca o desarrollando un proyecto, siempre estoy buscando una solución.
No significa pretender ser experto en absolutamente todo. Eso sería absurdo. Significa tener curiosidad suficiente para aprender diferentes disciplinas y, sobre todo, capacidad para conectar conocimientos. Las mejores ideas muchas veces aparecen cuando mezclamos dos campos que normalmente nadie conecta.
Combate con psicología.
Defensa personal con tecnología.
Educación con inteligencia artificial.
Diseño con comunicación.
Teología con filosofía.
Idiomas con investigación.
Emprendimiento con estrategia.
La multidisciplinariedad no consiste en saberlo todo; consiste en saber conectar lo que sabes.
The Kravtor es una expresión de todo ese proceso. Es el instructor de Krav Maga, pero también el estudiante de teología. Es el practicante de artes marciales, pero también el diseñador. Es el emprendedor, el creador de contenido, el apasionado por la tecnología y el estudiante de idiomas. Es la persona que puede estar hablando de combate en una hora y después pasar horas investigando historia, religión, tecnología o diseño.
Y probablemente esa sea la mejor definición: The Kravtor no es una profesión. Es una forma de aprender, pensar, crear y evolucionar.
No quiero construir una identidad alrededor de la idea de que ya tengo todas las respuestas. Quiero construirla alrededor de una idea mucho más interesante: seguir haciendo preguntas.